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Nómadas

Hasta hace unas pocas décadas, era común encontrar personas que habían desarrollado toda su carrera profesional en una empresa. El ciclo de vida laboral era relativamente estable y culminaba con un retiro pensional al llegar a cierta edad. Por muchos factores esto ya no es así, los puestos fijos para toda una vida son hoy en día una flor exótica.

Esto es un problema por las incertidumbres que trae el nuevo esquema pero a la vez es una maravillosa oportunidad. La estabilidad aseguraba unos ingresos y unas rutinas que daban una cierta sensación de paz pero a la vez llevaban a un cierto estancamiento en el desarrollo personal. Por un lado no habían retos más allá de los que la empresa misma ofreciera y por el otro la riqueza de la individualidad se perdía en la zona de confort de la estandarización corporativa.

Lo que se estila hoy en día son los contratos a término fijo, contra resultados y en los que la relación laboral con la empresa es precaria e incluso inexistente. Ello implica que además de la no estabilidad, pues tampoco hay prestaciones sociales, vacaciones y demás ventajas del empleo permanente.

Los tiempos que vivimos plantean entonces un doble reto para los individuos. Por una parte es necesario crear un esquema de trabajo que garantice los ingresos deseados de manera regular. Por la otra, cada individuo debe buscar mejor cuales son sus fortalezas, sus dones y a partir de allí crear su propio espacio de crecimiento y desarrollo.

El reto es a hacernos nómadas capaces de vivir de nuestro saber y de nuestra experiencia, con una mayor capacidad de adaptarnos a las circunstancias y con un mayor espíritu emprendedor. Esto último porque es necesario asumir las relaciones de trabajo con una mayor vocación empresarial y no con el viejo modelo de empleado dependiente.